Los treinta y tantos
¿Por qué será que pasados los 35 comenzamos a replantear nuestra visión del mundo?¿Será acaso, una muestra de madurez emocional obligada por la gravedad que ejerce el paso del tiempo sobre nuestras ideas?
Cuántas veces no hemos escuchado decir a nuestros padres que a esta edad ya eran jefes de familia, ya tenían su casa y su patrimonio más o menos armado y mantenían a la numerosa familia con una responsabilidad religiosa, etcétera, etcétera, etcétera.
¿Entonces, hemos de pensar que ese atávico pensamiento es el que guía nuestros actuales pareceres acerca de la vida y luego es lógico que a esta edad tan importante, debemos tener lo nuestro, un buen trabajo, una buena casa, un buen auto y la familia lista?
¿Y qué pasa con los que aún no entramos en esa categoría y todavía seguimos soñando con las grandes ideas que nos generan más satisfacciones que dinero?
No hay límite para que la vida comience otra vez, así, los que no han tenido hijos pueden seguir con la esperanza de tenerlos, los que han estado vacíos y muertos por la desidia de la rutina pueden encontrar nuevos aires y energías para despertar a la vida, al sentir, a inventar, a soñar, a construir, a encontrar un nuevo amor, a reconquistar un viejo amor, a poner magia en la vida, a reinventar la existencia porque nunca es tarde y no hay que volver a los 17 para conquistar el mundo, porque la conquista y el tiempo es justo ahora, sólo depende de nosotros.



























